La hora de las tinieblas (fragmentos)

Acudimos a ti, Señor,
en las horas largas
cuando nada sucede
sino el desgaste.
Oímos ladrar los perros,
el viento sopla,
pasa un camión,
y nosotros sentados,
mirando por la puerta abierta,
como aguardando.
Nadie dice una palabra,
ni nos cruzamos la vista;
ya no sabemos qué hacer,
nuestros proyectos murieron prematuramente de inanición,
las ideas que creíamos geniales
son hoy monedas fuera de circulación. […]


Por eso no te pedimos éxitos fáciles,
sino paciencia para seguir probando,
para nunca resignarnos,
para intentar siempre otra vez. […]


Hoy, que nos sentimos perdidos,
no te pedimos consuelo;
te pedimos compartir esta experiencia del pueblo.

(Pedro Trigo)