Orfebre del alma

Quién me recogerá de las cenizas,
de esos momentos de contradicción,
de rutinas y cansancios avenidos,
de esa falta de ganas, de corazón.

Quién devolverá a mi rostro su sonrisa
y a mis ojos la huella de la mirada limpia,
quién me abrirá el apetito de misericordia
y podrá besarme hasta llenarme el alma.

Quién me llevará desde la ira hasta el perdón,
desde el hambre de grandezas a la gratitud.
Qué silencio acallará mi desasosiego.
¿Hallaré las lágrimas que curen mi amargura?

Orfebre del alma, que trabajas sin medida
en lo hondo y lo profundo de mi océano,
calma las corrientes de gloria y de maldad
y devuelve mis aguas al mar de tu serenidad.

(Seve Lázaro, sj)