Coloquio del joven rico

Señor Jesús, aquí estoy arrodillado a tus pies,
como aquel hombre rico del Evangelio que te pregunta por la vida eterna.
Yo también te pregunto lo mismo. ¿Cómo puedo vivir para la eternidad?
Miro tus ojos y reconozco tu mirada llena de ternura.
Tú sabes que para seguirte tengo que ser completamente libre.

No puedo querer vivir tu evangelio
y al mismo tiempo poner mi seguridad en el dinero
y en los bienes que poseo.
No puedo servir a dos señores.

Jesús, tú me dices que no ande por la vida sintiendo angustia por el futuro.
Me dices que no vaya sacando cálculos por el camino,
que no ponga mi seguridad en lo que puedo comprar,
que mi identidad no está en la última moda que me da seguridad.

¿Dónde, Señor, me dices que encuentro hoy la vida eterna?
No necesito dinero ni bienes materiales para dar una sonrisa a quien la necesita,
para dar la mano a quien está sufriendo,
o para dar un consejo a quien está en problemas.

Señor, solo necesito tu amor para poder ser otro Cristo para los demás.
Así, Señor, vamos construyendo juntos tu Reino,
al modo de esa vida que nace de tu ejemplo, esa vida que es eterna.

(Gabriel Roblero, sj)